¡Aún mi historia no me pertenece!
- Nathaly Vega

- Jul 10, 2019
- 4 min read
De seguro te preguntarás ¿por qué hablar de un evento tan triste en el momento que hoy estoy viviendo? o ¿por qué hablar de esas cosas de las cuales quizás no me siento tan orgullosa y en realidad quisiera ocultar? La realidad es que todo lo oculto saldrá a la luz y sé que mi caminar puede significar el resurgir de otros. Les cuento que el 19 de noviembre es un día que nunca olvidaré. Después de varios días sangrando, recuerdo que me levanté inquieta muy temprano. Eran las 4:30am, me senté en la bañera mientras el agua caía en mi cabeza; clamé a Jehová y dije: "Señor, mi bebé te pertenece y si está dentro de tu voluntad llevártelo, te lo entrego; no queremos sufrir más”. No pasó un segundo y comenzaron las contracciones. Yo no entendía, solo sentía unas punzadas tan fuertes que tenía que paralizar todo, en lo que el dolor cesaba.
Transcurrieron más de 15 minutos en lo que trataba de vestirme con la ayuda de mi esposo, ¡pero las contracciones eran HORRIBLES! Estuve dos horas así, hasta que llegué al hospital. Recuerdo haber escuchado la voz de mi doctor y sentir una paz inmensa. Me cambió de camilla, y en ese preciso momento sentí que algo salió de mí. Y así fue, casi 15 semanas después de haber sido concebido, mi Diego se fue… Sí: un varón. Al que no pude siquiera mirar. Admito que me arrepiento de no haberlo hecho. Pero en esos momentos no quería quedarme con esa imagen plasmada en mi memoria para siempre y opté por no mirarlo.
Hoy recuerdo la mano de mi doctor acariciando mi frente, ¡tal y como lo hacía mi abuelita! Recuerdo que me decía: “tranquila, todo estará bien”. Recuerdo también que mientras me ponían una mascarilla, mi esposo estaba desconsolado hablando con su padre mientras le decía: "papi, perdimos el bebé." Esa fue la última imagen que recuerdo junto a su mano, otra vez en mi cabeza y diciéndome: "todo estará bien". Luego me quedé dormida, lista para el llamado “raspe”. Al despertar, luego de horas, abrí mis ojos y mi suegra estaba allí, otra vez alguien acariciaba mi frente. No recuerdo exactamente sus palabras, pues estaba bajo los efectos de la anestesia todavía, pero sí recuerdo su mirada de paz. No tengo dudas de que Dios cuidó de mí en todo momento.
Pero ¿sabes algo? ¡Esto no fue lo peor! Lo peor ocurrió dos meses y medio antes, en el momento en que supe que estaba embarazada. Lloré, y no fue de felicidad. Me sentía frustrada, pues llevaba solamente un año de casada y no quería tener un bebé tan pronto. ¡Oye! Son sentimientos normales que muchas mujeres o parejas experimentan ante la incertidumbre de cómo sus vidas cambiarán. Y seguramente ahora pondrás tu juicio a correr. No te culpo, yo lo hice por casi dos años. Cada vez que se atrasaba mi menstruación sólo pensaba en que, como castigo, no iba a tener el milagro dentro de mi vientre, por no haber anhelado a mi Diego. Cada vez que pasaban más de cinco semanas, creía estar embarazada. ¡Compré tantas pruebas de embarazo! Te puedo asegurar que me lo imaginaba y hasta sentía los síntomas de una mujer embarazada.
Recuerdo que mucha gente fue parte de ese proceso. Recibí consuelo, amor y consejos. Cuando me enteré que estaba embarazada de Diego, y también cuando lo perdimos, fuimos abiertos al compartir la noticia y trabajar con ella. Hoy puedo decir que cuando pierdes un hijo, te das cuenta de la increíble cantidad de mujeres que pasan por el mismo proceso. Incluso en una encuesta en Facebook, el 50% de quienes respondieron a la misma, expresaron haber pasado por ese proceso; y varias de ellas me compartieron historias y testimonios que pronto les estaré compartiendo.
Muchas mujeres prefieren callarlo, otras buscan apoyo. Por esa razón es que me di a la tarea de conocer a Rebecca, de quien, en el siguiente video, podrán conocer un poco de su historia y de cómo nace el hermoso proyecto “Be Free PR”, en el que se brinda apoyo a las personas que atraviesan un proceso de infertilidad, esterilidad y pérdida de bebés. Además, brindan educación y herramientas para el manejo de las emociones, la travesía y el entorno.
Mujer: ¡no estás sola! Somos muchas las que hemos pasado ese proceso y aunque una pérdida nunca será un evento fácil de olvidar, te aseguro que todo estará bien y que el estar rodeada de gente que te comprende y te ama, es indispensable para superarlo con mayor prontitud.

Santos Vega HATILLO: ¡Te amo! No, no está mal escrito. Con este comentario mi esposo me sacó la primera carcajada luego de nuestra pérdida. Al otro día me acompañaba a un compromiso en el área norte y le pregunté ¿Por dónde vamos? Y él respondió: “por Hatillo, a ti yo te amo!” ¡Yo te amo más Baby! Te amo por todas las ganancias, pero aún más, por las pérdidas que hemos vivido juntos.
¡Testifica! Tu historia puede ser la energía, la fuerza, la motivación y el valor que otra mujer necesita.
Agradecida por la colaboración de:
Fotógrafa: Frances Rivera Photographs
Editora: LeDuc HR
Recurso: Rebeca Martinez de "Be Free PR"


Comments